Mi historia

Yolanda Corona

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Yolanda Corona es una artista plástico venezolana contemporánea, de formación autodidacta. Desde el punto de vista técnico, su producción es de tendencia neoimpresionista. Su estilo particular fue bautizado como “pinceladas cromáticas” y posteriormente fue complementado con el estilo plano de colores sólidos. Ambos se fusionan entre sí en las obras a través de figuras que dan la impresión de que emergen o se adentran unas dentro de otras.

Pero más que por la técnica, ella define su arte como la necesidad de expresar sentimientos, amor y profunda sensibilidad hacia el mundo de su niñez transcurrida en el caserío Las Delicias, en San Carlos, municipio Colón del estado Zulia, donde nació el 1 de febrero del año 1950.

El Río Escalante que divide los poblados de San Carlos y Santa Bárbara es una de sus mayores influencias. Ese caudal de agua que nace en la cordillera de Los Andes y desemboca en el Lago de Maracaibo estaba muy cerca de la casa de grea y de palma donde vivió desde niña; un espacio maravilloso con un amplio patio trasero donde había un sembradío de árboles frutales, topochos, naranjas, guineos y plátanos. El gran fogón de la cocina, el baúl de su madre lleno de secretos para sus ojos infantiles y las tinajas eran de sus mayores atracciones.

Yolanda cuenta que desde muy niña sintió al río Escalante como parte de ella. Recuerda que se iba a sus orillas a conversar con él, a contarle las desdichas que le causaban las tragedias ocurridas a otras niñas de su edad, como a su amiguita de segundo grado que dejó de asistir a clases porque su familia no podía comprarle el uniforme. Esta sensibilidad que mostró desde muy pequeña ha sido un motor para desarrollar iniciativas de carácter social a la par de su trayectoria artística, como el proyecto Somos Arte que coordinó junto con otros cultores en los pueblos sureños del Zulia, entre muchos otros. Siempre impulsada más por un férreo compromiso por la vida, que por los recursos disponibles para acometer este tipo de iniciativas que buscan transformar realidades.

A las orillas del río también elaboraba muñequitos de grea y los arcoiris después de la llovizna eran una gran motivación para pintar, sobre todo estimulada por su hermana mayor, quien le regalaba colores y libros para leer. Cuenta que desde siempre se sintió muy querida, pero a la vez vivió una soledad que la enriqueció como artista y ser humano.

Desde esta época hasta su juventud produjo, esencialmente con creyones y acuarelas, obras de carácter realista, como paisajes marinos conocidos por medio de fotografías, así como rostros, árboles y flores, todos elementos comunes de su entorno.

A partir de 1969 incorporó nuevos materiales: el óleo y el lienzo, hasta la década de 1980, cuando empezó a pintar obras de pequeño y mediano formato. A la par, pintaba a mano objetos utilitarios como franelas, manteles, e indumentaria, para complementar el sustento de su familia, compuesta por 5 hijos. Además, dictaba talleres de pintura sobre tela.

En 1993, con sus hijos más grandes y con más tiempo para dedicarse al arte, inició estudios formales de pintura y dibujo, lo cual le permitió estar en contacto con otros artistas y llevar su obra a otro nivel. Sus expectativas de aprender anatomía chocaron con la dinámica de las clases en la cuales el maestro le solicitaba que deconstruyera la figura humana en miles de pedacitos, o que hiciera lo que ella denomina un “desdibujo”. Esta contradicción entre acatar los lineamientos de una enseñanza con la cual no se sentía cómoda, le hicieron rebelarse para asumir sus lienzos con total libertad, y también le despertaron nuevas búsquedas plásticas que hasta ese momento no se habían manifestado, como el deseo de crear una obra con movimiento. De modo que a la par que peleaba, aprendía, dice Yolanda.

Posteriormente vio clases con el artista plástico zuliano Elvis Rosendo, quien la motivó a no vacilar en la experimentación artística iniciada por cuenta propia, ya que apreció el talento no observado por sus anteriores profesores. Así nacieron sus pinceladas cromáticas. Otro estímulo importante en su trayectoria fueron las palabras dedicadas por la historiadora Consuelo Bustos, entonces directora de la Escuela Neptalí Rincón, en el catálogo de su primera exposición individual denominada “La realización de un sueño”, montada en 1994 en la Alcaldía de Maracaibo.

Hasta la fecha ha participado en trece muestras individuales y más de sesenta colectivas realizadas entre Venezuela, Argentina y Estados Unidos.

Mantiene en sus obras elementos autóctonos de la cultura zuliana, como las hojas de plátano, los jarrones, bodegones, flores, elementos que son parte de su historia personal, pero también parte de la historia de nuestro pueblo. Sus “Entretejidos de colores” nos hablan de un universo profundamente conectado a una memoria ancestral que se desborda desde las entrañas y que deja ver las raíces que conforman nuestra venezolanidad.

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